Hace tiempo que tengo esta historia del Maxi Birkin atragantada. Desde que Katie Holmes lució ese "bolso" (por llamarlo de alguna manera) icónico un comecome me martilleaba cada noche... ¿Es necesario semejante monstruo de los accesorios? ¿Es que no sabían cómo hacer que su lista de espera por el Birkin disminuyera? Lo sé, no es un tema muy de actualidad, pero es que tenía que dejar ir este pensamiento o acabaría cayendo en la trampa de comprar un MAXIMEGASUPERGIGANTE Birkin. Bueno no uno de verdad, claro está, tendría que empeñar hasta a los nietos que aún no tengo...
Los bolsos tienen que ser muchas cosas: prácticos, cómodos, accesibles, manejables y bonitos. El Birkin original, sí el que se sacaron de la manga Jane Birkin y Jean-Louis Dumas en 1984 era todo eso y mucho más, era la esencia de una nueva mujer, trabajadora, moderna y capaz de todo. Sí, el mundo cambia y todo evoluciona pero, voy a ser sincera, esta nueva versión del Birkin, el XXXL, es un engorro. No es nada práctico, ni manejable incluso se podría decir que puede llegar a ser nocivo para la salud (¿os lo imagináis hasta los topes? Lumbalgia asegurada). Pero lo peor es que se supone que representa a las mujeres modernas: sí, esas que llevan la carga de la vida familiar y sólo pueden disfrutar de sus peques el domingo, esas excelente profesionales que pese a estar mejor cualificadas que sus compañeros cobran menos y que, además, cuando acaban su jornada laboral deben de enfrentarse a una casa entera por hacer... Sí, como Katie, Victoria, las Olsen, Pamela Anderson o la siempre ocupada Lady Gaga. Lo que os decía, mujeres de hoy con problemas de hoy...
Que digo yo que la esencia de Jane ha desaparecido notablemente y que el Birkin tendría que haberse quedado como era el Birkin. La firma se dejó llevar por la fiebre de los maxibolsos y creó una maleta-bolso donde bien cabrían una mascota o un bebé y que, por desgracia, hizo de un icono un hazmereír...
Fotos: Hermes.com + Poladroid.com
